¿Sabes cuál es tu legado?

Qué?!!! Podrías decirme que no estás al borde de la muerte como para pensar en ello, que tienes otras cosas más importantes en qué pensar. Pero ese es justo el problema: que siempre estamos (tan) ocupadas como para “darnos el lujo” de pensar en “estas cosas”, y no nos damos cuenta que “esas cosas” muchas veces son los motores que necesitamos para poder seguir en el camino, con enfoque, con fuerza para no claudicar. Y es que eso pasa porque damos las cosas por sentadas.


En una sesión de coaching con una de mis chicas, salió a la plática la forma en cómo lo que decimos, hacemos e incluso pensamos repercute de alguna manera en los demás. Nuestra energía afecta de alguna manera nuestro entorno, pasando desapercibida la gran mayoría las veces. Y eso me hizo cuestionarme mi(s) legado(s) y si realmente mis acciones están siendo congruentes con él (ellos).


Pero primero, ¿qué es un legado? Quitando el aspecto material y enfocándonos en lo emocional, un legado es la forma en como quieres influir en las personas o por lo que quieres ser recordado aún después de tu muerte. Fuerte, no?

En mi reflexión definí que me encantaría poder hacer feliz a la gente aún cuando yo no estuviera, contribuyendo a su salud, a su bienestar integral. Sobre todo a mi hija.


Esto podría interpretarse que en vida tendría que trabajar por dejar algo: un libro, un audio, donar constantemente a una fundación, o sea, trabajar para los demás. Sin embargo, yo lo vi como todo lo contrario. Es trabajar por mi, porque yo soy un ejemplo para muchos y sobre todo para mi hija.


Y fue como comprendí que toda acción que contribuya a mi legado, requiere convertirse en un hábito que lo fomenten a modo de hacerlo de forma natural ( 👉🏻de cómo lograr un hábito hablaremos en otra entrada del blog ).


Te voy a poner un ejemplo propio: Deseo fervientemente que mi hija sea una mujer sana física, mental y emocionalmente. Para ello, como primer círculo, debe ver en su mamá un ejemplo que pueda seguir, que aprenda el valor de disfrutar cada día como si fuera el último, si bien no siempre estando de buenas, pero siempre viéndole el lado bueno incluso a la situación más difícil. Superándome, reinventándome constantemente. De esta forma, quiero legarle la capacidad de asombro, de agradecimiento, de perdonar, de vivir sin temor al qué dirán, sin darle cabida a las críticas sin sentido y sobre todo, de una capacidad enorme de amar!!



¿Qué tengo que hacer para lograrlo? Debo yo misma empezar por mantener hábitos que empecé el año pasado:


1. Agradecer, incluso por las cosas dadas por hechas. En mi caso, lo hago al despertar, pues tengo hasta mi reminder de coach.me al que me suscribí ( 👉🏻apps para fomentar hábitos es otra entrada del blog!!! ). Si te late, puedes hacerlo igual o antes de dormir o cuando tú lo creas más conveniente.


2. Mantenerme haciendo ejercicio. Si bien lo abandoné un poco a finales de año por darle prioridad a otras cosas que por fin he terminado, es momento de retomarlo. Y no por que deba, sino porque mi cuerpo funciona de maravilla!: mi digestión mejora, libero endorfinas que me hacen estar de buenas y descansar mejor, por tanto, empezar mejor el día siguiente y sentirme con más energía, más ligera.


3. Autocontrol: tratar de tranquilizarme cuando estoy super enojada con alguien, y sobre todo entender que muchas veces se tratan de perspectivas. He visto que me resulta mejor el despejarme antes de ir al contacto con la gente. Los problemas se resuelven mejor.


4. Tener más comunicación con mi familia: ya que ellos viven en otro estado del país, procurar estar más en contacto con ellos, que convivan más con mi hija tanto por llamada e idealmente de forma física (y para esto debo trabajar más tanto para aumentar el recurso económico como minimizar pendientes y disfrutar del tiempo juntos).


5. Disfrutar del momento presente: apreciar el tiempo que compartimos con amigos y familia, manteniéndonos más alejados del celular. Hoy me queda clara la importancia de la convivencia y que si a ese que está del otro lado del teléfono le urge hablar conmigo, me llamará.


Y así podría seguir con esas acciones que ayudan a ese legado de congruencia y amor que le quiero dejar a mi hija y que además me ayudan a ser una mejor Brenda, con la que me siento más cómoda, con la que obtengo mejores resultados en diferentes ámbitos y con quien me la paso mejor.


Si te das cuenta, tu legado está compenetrado con tu propósito de vida, con un objetivo que va más allá de temporalidades. Cuando lo defines, vas detectando actitudes y acciones que contribuyen a él y que, en medida que las vas adoptando, vas generando hábitos que te van haciendo más congruente, más plena y vas por ahí inspirando a la gente... esa gente que te recordará por haber influído en ellas.


No hay mejor forma que predicar con el ejemplo.


Y tú, sabes cuál es tu legado?


Te gustaría empezar a trabajar en él?


Platícame!!!




Con cariño,


Bren


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